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domingo, enero 24, 2010

28 municipios granadinos consiguen cerrar el año con un descenso del paro

las cifras del paro Balance del desempleo por poblaciones

28 municipios granadinos consiguen cerrar el año con un descenso del paro
Todos los pueblos cuentan con menos de 2.000 habitantes y seis no llegan al medio millar de vecinos · Otras cuatro localidades mantienen el nivel de desempleo · En la capital, uno de cada diez ciudadanos está inscrito en el Inem

No son muchos, cierto, pero lo relevante es que cerca de una treintena de municipios granadinos ha conseguido la encomiable tarea de nadar contra corriente en el año de la crisis y disminuir el número de parados del pueblo. Estas 28 localidades, además de lograr lo que la EPA hacía impensable trimestre a trimestre, tienen otra característica en común: ninguno de ellos supera los 2.000 habitantes -seis incluso poseen menos de 500 vecinos- y su ubicación se sitúa en la zona de la Alpujarra o el Norte de la provincia.

En algunos casos, la disminución del desempleo registrada en estas 'privilegiadas' poblaciones alcanza cotas espectaculares. Así, Cástaras ha logrado reducir el número de vecinos parados en un 83,33% respecto a 2008, convirtiéndose en la población granadina que mejor sale parada de los efectos de la recesión económica. Aunque en términos absolutos sólo son cinco personas empleadas más que el año anterior, para una población de 266 habitantes es todo un logro, igual que el alcanzado por Alamedilla, donde el paro se ha reducido a la mitad, con 15 nuevos trabajadores.

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miércoles, noviembre 19, 2008

Dos pueblos de Granada cuentan con el mayor número de parados de España

ATLAS. 16.11.2008
  • Los habitantes de Zagra y Pedro Martínez dependen del campo.
  • Si no llueve desciende la producción lo que conlleva un descenso de los puestos de trabajo.
  • El resultado se puede comprobar en los comercios.

Dos pueblos, Zagra y Pedro Martínez, de Granada tienen el índice mayor de parados de España. Su fachada de pueblo tranquilo con casitas blancas y rodeado de olivos esconde una forma de vida que los trabajadores del lugar dicen no desear a nadie.

El empleo más demandado en la zona es la de temporero

La vida de los lugareños es el campo, y su calidad depende del cielo. La fórmula matemática parece sencilla: si no llueve desciende la producción, ello conlleva un descenso de los puestos de trabajo, se gana menos dinero y a ello se le suma la crisis. El resultado se puede comprobar en los comercios.

El empleo más demandado en la zona es la de temporero. Ahora mismo, todos ellos se encuentran parados, ya que no es temporada de aceitunas, de vendimia o de invernaderos. Si a esto se le añade las repercusiones que arrastra la palabra crisis, no es de extrañar que Zagra o Pedro Martínez lideren la lista de pueblos con menos contratados.

Las calles en estos municipios permanecen vacías la mayor parte del tiempo y los bares se convierten así en confesionarios improvisados y a veces puede que aparezcan en ellos una posible solución a los problemas.

domingo, noviembre 09, 2008

Crisis, Viaje a los pueblos del paro crónico

Publicado Domingo, 09-11-08 a las 11:34
El viejo opel astra avanza renqueante por unas calles que parecen toboganes flanqueados por casitas blancas. Zagra, en el poniente granadino, es un pueblo de postal con castillo árabe en ruinas y rodeado de un mar de olivos. Hace unos años salió en los papeles cuando los vecinos —poco más de mil— aflojaron el bolsillo para construir una nueva casa cuartel de la Benemérita e impedir, así, que los guardias tuvieran que marcharse. El alcalde, José León Malagón, conduce atento a los paisanos con los que se va cruzando.

Un chico en moto.
León le hace señales para que se detenga y abre la ventanilla. «Antonio, ¿en qué situación laboral estás ahora?».
—Pues cómo voy a estar. Sin hacer nada.
—Vale. Síguenos, que vas a hablar con estos señores.
La siguiente parada es un bar. Un lugar ideal para buscar testimonios. Varios clientes están acodados en la barra, mirando en la televisión la subida de Obama a los altares. Partidarios del presidente electo de Estados Unidos corren y saltan con la cara iluminada, como James Stewart deseando feliz Navidad a todo el mundo en la escena final de «¡Qué bello es vivir!». «Ese va a venir a repartir duros al pueblo», comenta un parroquiano mientras le da vueltas y más vueltas al café con la cucharilla. El alcalde sigue a lo suyo. Flaco y espigado, se da un aire quijotesco, algo que no ha pasado desapercibido a los pastores de la zona, que le han dedicado más de un trovo. «He encontrado a media docena. ¿Es suficiente?».

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